"Más de una vez lo he sentido, detrás de mí. Entonces me giro y no hay nadie, pero si miro por el contorno del ojo lo veo; una sombra que me sigue. Y cada vez está mas cerca. Sigo mirando al frente, por miedo a que descubra que sé que está ahí, y entonces lo siento por encima del hombro y gira la cabeza, cada vez mas cerca...

  • ¿Quién soy?"

 

  Dicen que hay dos tipos de sueños: Los que son el reflejo de cómo nos sentimos durante rachas de tiempo, y los premonitorios.

 

Se trataba de figuras negras sin consistencia que se desplazaban lentamente como si soportasen siglos de vidas sobre sus hombros, percatándose de su presencia y buscando que las mirara. Ella sabía que debía temerlas y si la gente la tocaba en el momento que las veía, también podían verlas, pero no era lo correcto. No había que mirarlas porque eran portadoras de desgracias. 

A ella la habían notado, y por mucho que cerró los ojos para no fijarse, era como si los párpados fueran telas tan finas que podía ver a través de ellos la forma de sus cabezas, agachándose y buscando su rostro desde abajo, obligándola a verlas.

Al principio no quiso darle importancia a esos sueños que vivía como si fueran reales, pero ahora habían empeorado, porque tenía la impresión de que los tendría incluso despierta.

En ocasiones le había parecido ver formas en las puertas, o cruzarse por su lado. No las notaba en la calle, pero era perceptible cuando estaba en la casa. Solo las veía si no miraba fijamente.

Lidia le había dicho en la cena de anoche, cuando vino a verla, que estaría cogiendo la gripe, o que necesitaba ir al oculista.

Pero no sentía los síntomas de la gripe, ni tampoco tenía problemas para ver. Por eso fue que decidió ignorar aquello, bajar a la farmacia y pedir algún medicamento que la ayudara a dormir toda la noche y no se acordase a la mañana siguiente de lo que soñara.

Esperaba que esta vez pudiese descansar de verdad, levantarse a la mañana siguiente tan despejada y renovada que la hiciese olvidar la tontería de cogerle miedo a dormir.

Tragó dos píldoras ayudándose de medio vaso de agua y se metió en la cama. Boca arriba, agarrando las sábanas como si esperara en cualquier momento que alguien tirara de ellas y la destapara. Y fijó la vista en la lámpara del techo.

Esperó a que la medicación hiciese efecto, parpadeó una vez, dos...

Oía el viento susurrando en la habitación, alrededor de ella, el aíre frío recorriéndola bajo las mantas. Abrió los ojos sintiendo la pesadez del sueño, pensando que las píldoras eran más fuertes de lo que el farmacéutico le había dicho, debía haber tomado solo una.

Ahí estaban otra vez esas formas, como sombras negras que se arrastraban a ella, las paredes crujían y susurraban llamándola, y ese sonido... esa voz... cada vez más clara... no era el viento quien gritaba, sino una mujer cuya alma intentaba salir de aquellas sombras pidiendo ayuda.

Cerró los ojos sin fuerzas para sentir siquiera el pánico que debía haberse apoderado de ella si los somníferos no le hubiesen empezado a hacer efecto, y notó que le tocaran las manos, (un tacto casi imperceptible, pero tan frío que dolía como agujas que atravesaran la piel).

Estaban muertas, sus manos estaban muertas y por eso dolían tanto. Esa era la sensación...

La forma se inclinó sobre ella, asomándose a su rostro. No quería mirar... no quería escuchar cómo la llamaban,  cómo su nombre era susurrado como una compulsión para que abriera los ojos. Pero no era necesario mirar, no hacía falta abrir los párpados porque ya los estaba viendo... Y ellos consiguieron alcanzarla.

Aquella mirada, aquél rostro que apenas era visible en una imagen tan deformada...

El pecho le oprimía tanto que cada vez era más difícil respirar. La mano avanzaba a él, marchitando todo lo que tocaba a su paso. Sentía el estómago contraído y petrificado, los pulmones secos y aplastados, y la garganta demasiado cerrada para conseguir respirar.

Intentó gritar, tomar un aire que no existía en aquella oscuridad que la tenía cubierta, pero por  mucho que luchaba era imposible.

Se preguntó si se estaba muriendo, si esto era la muerte que la había estado avisando de su llegada.

Nadie la ayudaría, nadie se enteraría de que se estaba asfixiando... Nadie la sacaría de esta pesadilla, tan real que iba a acabar con ella...

Brujas