Los del equipo se preguntaban dónde estaba ella; en qué punto de la zona podría encontrarse, y si se encontraba a salvo de la actividad anómala que registraba el robot que habían enviado a tomar datos.

Las señales de vida que recogía solo anunciaban que esa forma de vida era peligrosa y altamente contagiosa. Modificaba el ADN de cada elemento vivo al fusionarse con ellos, y alteraba todas las funciones vitales convirtiéndolos en un desbarajuste que dudaban tuviese alguna solución. Si esto llegaba a extenderse tendrían que sopesar la posibilidad de lanzar una bomba, y Daniela seguía sin aparecer.

Después de tragar kilómetros de polvo seco, había dado con el pueblo. Siguió las coordenadas del robot y lo encontró nada más llegar. Apenas había logrado recorrer unos metros y tomar datos, ese organismo se había pegado a él hasta cubrirlo casi al completo. Y ahora se desplazaba a través de la máquina por todo el pueblo.

No daba crédito a lo que estaba viendo. Por delante de ella había cruzado una mujer, con los rasgos deformados, y un torso mal conseguido, como un duplicado de ella, se extendía desde su espalda hacia fuera. Lo mismo sucedía en el lomo de la doble.

Las tres reían cuando la vieron y siguieron de largo.

Un hombre había extendido un trozo de su propia carne hacia una roca y la atrajo hacia sí, haciéndolo un complemento más de su amorfo cuerpo. También reía, con una risa mecánica que tiraba a las típicas que pertenecían a de esos payasos mecánicos que cobran vida en las películas de terror.

La razón le decía que debía huir de allí cuanto antes, pero su curiosidad por saber qué era lo que el robot había encontrado antes de apagarse le pudo tanto que tuvo que ir y ver con sus propios ojos. Además, en el camino alguien se había comunicado a través de la radio del coche pidiendo auxilio y debía encontrarlo antes de irse.

Miró detrás de ella y vio los cuerpos enjutos y carcomidos por la humedad y los años arrastrándose por el suelo. Otros mas recientes, aún conservaban las piernas para caminar.

Era una imagen horrible ver a esos muertos usados como medios para que esa cosa se desplazase. Se alejó de aquella calle y encontró el jeep que él le había descrito, intacto, con un hombre sentado en el lugar del conductor, que miraba a todas partes y parecía nervioso. Se acercó con cautela y frunció el ceño cuando el hombre la miró y sonrió aliviado.

- ¿Daniela?

Asintió y él le indicó la parte trasera del jeep para que subiera.

- Tenemos que recoger a alguien más, yo los distraeré y tú lo ayudarás.

No preguntó, subió atrás y dejó que arrancara y fueran por esa persona.

Salieron del pueblo y volvieron a tomar la carretera por la que ella había llegado. Su coche seguía allí parado, y esa masa que se había tragado el robot trepaba por el capó. Entonces supo que de haber permanecido mas tiempo en ese sitio no habría podido escapar. Cerró los ojos y dejó que la sensación de respirar un aire, que no estaba infectado de aquellas imágenes que quería borrar cuanto antes de su mente, le limpiara los pulmones y se llevara esa sensación fría y agria que le había quedado después de haber visto todo aquello.

Alejarse estaba teniendo un efecto relajante sobre ella, se estaba desentendiendo de lo que dejaban atrás, ni siquiera había preguntado a dónde iban, simplemente estaba dejando que la llevara.

Abrió los ojos y miró al conductor, su cuerpo estaba echado sobre el volante, como si estuviese inconsciente, aunque el jeep no se había desviado del carril en ningún momento.

Era consciente de que debía estar asustada, pero al contrario de lo que debía ser una reacción normal, no le estaba preocupando.

Del asiento de él se extendió hacia ella una masa metalizada y brillante que se deslizaba aproximándose como una serpiente. La extremidad se detuvo solo a una cuarta y se alzó hasta quedar a media altura, intentó tocarla.

Daniela agitó la mano como quien quiere retirar una mosca pesada y volvió a mirar el llano de tierra árida y agrietada que se extendía kilómetros y kilómetros a su alrededor.

No sabía donde estaba, y tampoco sabía si debía importarle.

Un movimiento delante suya captó su atención, la masa había tomado la forma de una mano diez veces más grande que la de ella y se extendía con la palma hacia arriba. Curiosa, acercó las suyas para tocar los dedos.

Entonces supo que había dejado de ser ella desde que llegó, la contaminación había empezado en cuanto bajó de su coche y caminó entre ellos.

Malena se apuntó con los dedos indices a sí misma a la altura del ombligo y los cordones del corsé, que se adhería a ella como una segunda piel, empezaron a atase solos, como si tuvieran vida propia y siguieran una orden.

Bajó de un salto de la cama y se miró al espejo para admirar el diseño que hoy tenía su imagen. Su rostro era atractivo, tirando a hermoso, había conservado el color dorado de su melena porque le parecía que la hacía más joven. Y con su limitada estatura de un metro diez, daba la sensación de ser una niña. Se hizo una trenza en el pelo y se la ató con otro cordón similar al del corsé. Había dejado de crecer a los seís años, aunque eso nunca le había importado.

- Deberías hablar con ella, esto se nos ha ido de las manos.

- Sí, sí... ya sé.

- Oye, esto es serio. ¡Tienes que hablar con ella, se ha descontrolado!

Eric se rascó la cabeza y miró a la versión blanquecina de sí mismo que salía de su estómago y se inclinaba sobre él. Al principio le daba nauseas ver ese amasijo de carne blanca con un matiz entre azulado y grisáceo que se retorcía hacia fuera y terminaba tomando la forma de un torso con brazos y una cabeza idéntica a la suya, pero ahora no le parecía tan malo. Había decidido aceptarlo como su hermano, y a Malena no parecía importarle demasiado, al menos ahora que podía tener la imagen que quisiera.

Etienne, lo miraba preocupado, decidido a convencerlo de que se levantara de la cama y la obligara a escucharlos.

- Malena, deberíamos hacer algo con lo que está pasando.

Malena alzó los ojos y suspiró cansada. Etienne estaba empezando a ser un estorbo, y si no fuera porque él era realmente el humano y el que daba vida a la mutación, ya lo habría extirpado de Eric hacía mucho tiempo.

- Te he dicho que no hay por qué preocuparse. Dile a tu hermano que confíe en mí. No es para tanto.

- ¿Lo ves? No hay de qué preocuparse, lo tiene controlado.

Malena oyó el suspiro de resignación de Etienne y sonrió sin apartar la vista del espejo, que hubiese quedado reducido a una aberración que depende de las piernas y las acciones de Eric había sido toda una ventaja para ella. Eric había sido el segundo intento, y no estaba tan mal logrado como el primero, que se había extendido sin control por todo el pueblo, el tercero había sido mucho mejor, pero demasiado independiente, había sido mejor abandonarlo a su suerte y volver a repetir el experimento a partir de Eric, de quien no iba a desprenderse, porque el cuarto había sido tan bueno que lo estaba empleando ella misma y Eric podía ser muy útil para crear otros más adelante.

Y los anteriores no tenía por qué preocuparse, el gobierno no tardaría mucho en hacer desaparecer ese sitio del mapa con todos los engendros.